No es formación, es un embudo. La industria de los cursos online.

Hoy vengo a escupir bilis por la boca. Si notáis odio en este texto, no es vuestra imaginación.

No sé si os pasará, pero hay algo recurrente en mi scroll de Instagram. De verdad. No sé qué le he hecho al algoritmo, pero cada vez que deslizo hacia abajo aparecen varios, que no pocos, individuos intentando colarme un curso “gratuito”. Cuando yo lo único que quiero ver son memes de gatos, vergüenza social ajena y recetas de cocina que jamás haré.

Confieso. Quizás los cotilleo de vez en cuando. Solo por curiosidad profesional. A veces entro. Me quedo mirando. Quién sabe, quizás me apunto a algo que vale la pena. O quizás saco yo mis propios cursos. Coño, le meto un par de miles en Ads, y me forro. Luego se me pasa. Y me auto consuelo. Los 80 pavazos que fundí en rones sprite la semana pasada. Eso sí valió la pena.

Salvando las distancias. Aquí no hablo del típico gurú

Hoy no me refiero a los individuos que venden cursos de… cómo vender cursos. No hablo de esa subespecie que va de “tengo una agencia de marketing” cuando, en realidad, lo que tienen es una marca personal con complejo de imperio, normalmente crecida a base de haters, que ellos mismos celebran porque les viene fenomenal debido a que, a ojos del algoritmo, da igual si les aplaudes o les llamas “croqueta”. Todo cuenta. Si hay interacción, hay alcance. Y si hay alcance, hay ventas. Maravilloso.

No me refiero a ese timo que se multiplica como gremlins. Una cadena trófica de vendehumos donde el alumno se convierte en el siguiente vendehumos. Estos pseudo-llados merecen mención aparte.

Por suerte, existen héroes en este mundillo, como @champimuros, que se han puesto por bandera señalar este circo y plantar cara a las estafas.

Hoy vengo a hablar de universidades online. Sí, universidades. Con logo, con “prestigio”, con palabritas serias y con anuncios que parecen sacados del mismo manual, solo que con mejor presupuesto, mejores actores, y el mismo objetivo: que pases por caja.

El alumno como excusa, el dinero como objetivo

En teoría, un curso existe para que el alumno mejore o aprenda una habilidad, avance y consiga resultados. En la práctica, en muchos casos el alumno es el “personaje” de una historia que sirve para justificar la venta. Lo que importa es el número. Cuántos entran, cuánto ticket medio, cuánto upsell, cuántas cuotas, cuánta recurrencia. Y ahí es cuando el término “Universidad” empieza a cojear.

Se nota cuando el foco está en la venta y no en el aprendizaje. Se nota en el anuncio, en la estructura, en el tono, en la cantidad de humo por frase. Y se nota, sobre todo, en que si el curso fuera tan bueno como lo pintan, no necesitaría tanta urgencia, tanta presión, tanto teatro.

El mismo vídeo con la misma música épica. El mismo plano de “mírame, soy un experto”. El mismo texto: “Te regalo una masterclass GRATIS que cambiará tu vida”. Gratis. Sí. Un asesoramiento gratuito para que pagues. Porque lo de “curso gratuito” es el mayor acto de poesía creativa desde que alguien llamó “emprender” a no tener horarios ni derechos.

Universidades que son una landing con matrícula. Entras, dejas tu email, tu nombre, tu dignidad y, si te descuidas, también el grupo sanguíneo. Y de repente ya no estás viendo un contenido, estás dentro de un embudo. Un tobogán de marketing. Una atracción de feria donde el premio final es que te intenten vender un pack de 257€ porque “solo quedan 3 plazas” (desde 2021).

Y a mí esto me enciende. Me enciende porque se ha normalizado tanto en nuestro sector que hay gente que ya ni se pregunta si está comprando formación o está financiando el próximo retiro espiritual del “mentor” en Bali. Y ojo. Yo no estoy en contra de vender. Vender está bien. A mí me gusta el dinero, como a todo hijo de vecino. Pero una cosa es vender algo que ayuda, y otra es vender humo envasado al vacío y culpar al cliente si no respira.

Una cosa es crear un curso de calidad y comercializarlo bien. Y otra, muy distinta, es convertir la formación en un producto industrial con paquetes en masa, promesas infladas, testimonios clonados, y un guion de ventas diseñado para empujarte a pagar antes de que pienses.

A continuación, os he editado varios audios de ejemplo. No hace falta ni ver el vídeo.

Os lo pinki prometo, no he tenido que ir a buscarlos. Me ha bastado con clicar una vez en un “curso” y el dios algoritmo ha dicho: “Perfecto, este ya es de los míos”. Y alegría en mi feed.

Y claro, así es normal que si alguien está medio dudando no le dejen respirar. Le meten caña, le persiguen por stories, reels y anuncios hasta que cede y paga. Es un acoso con música motivacional, que siempre cumple las mismas premisas.

El marketing agresivo que te vende una vida, no una habilidad

Cuando alguien promete resultados enormes en poco tiempo, normalmente está vendiendo emoción, no formación. Tampoco tengo nada en contra del marketing. Vivo de él, lo respeto y sé lo potente que es. Precisamente por eso sé cuándo se usa para comunicar valor… y cuándo se usa para manipular.

Si os fijáis, en todos los anuncios, el patrón se repite:

  1. Te venden “libertad” por encima de explicarte qué vas a aprender: “existe una nueva oportunidad laboral… imagínate generando miles de euros”.

  2. Te prometen rapidez porque saben que la gente compra atajos: “cambia tu vida en tres meses”.

  3. Te prometen que el suyo es el curso más eficaz: “no te fíes de la competencia, somos los mejores”.

  4. Te adelantan el resultado final con acierto asegurado: “con mi curso te convertirás en consultor de IA”.

  5. Y convierten cualquier objeción en un “bloqueo personal” para que te sientas culpable por dudar: “cualquier persona puede hacerlo”.

Lo peor es cuando te lo pintan como si fuera tu culpa no comprarlo. Que si “si sigues pobre es porque quieres”. Que si “la gente exitosa toma acción”. Que si “esto no es para todo el mundo” (menos para tu tarjeta, que curiosamente siempre es bienvenida). Que si “yo antes estaba como tú”. Gracias, estoy fatal.

Formación, lo que se dice formación… cuatro vídeos online. Pero cobro, la mejor pasarela de pago.

Eso sí, si no lo logras, es porque no te comprometiste

Claro que hay gente que logra resultados. Pero el problema es que se vende como garantía lo que en realidad es excepción y/o punto de partida. Y cuando alguien no llega, el sistema ya tiene preparada la salida: “No aplicaste lo suficiente”, “No estabas listo”, “No seguiste el método al pie de la letra”. Qué casualidad, nunca es culpa del producto.

No todos los cursos son así (pero demasiados sí)

Esto no va de demonizar la formación online. Hay cursos brutales, profesores excelentes y programas honestos. La educación digital es una herramienta enorme. Lo que rajo aquí es la parte podrida. La que usa el formato “curso” como excusa para imprimir dinero, y trata a la gente como leads, no como alumnos.

Porque al final, el daño no es solo económico. Es emocional. Gente que se siente tonta por haber creído, gente que se desmotiva, gente que deja de confiar en formarse, incluso de confiar en sí mismo. Gente que piensa que el problema es ella.

Y no. Muchas veces el problema es que te vendieron un teatro. Así que, si te venden un curso de IA para “solucionarlo todo”, en el que aprenderás, en un par de sesiones, a que la IA te haga de comercial, de diseñador web o de sexador de gaviotas, sin experiencia previa y sin necesidad de contratar a nadie, y si encima, el curso es “gratis”, desconfía. Acabarán pidiéndote dinero para darte algunas nociones rápidas y terminarás haciendo webs lamentosas que pocos clientes van a querer.

Qué debería tener una formación que sí merece tu dinero

Toñete, ¿me recomiendas algún curso que valga la pena? No tengo ni p*** idea, de verdad. Me fío de algunas plataformas, pero no las diré en público para no hacer marketing del gordo entre mis cuatro lectores contados.

Si realmente te apasiona y te apetece aprender, por algún lado se tiene que empezar. Pero como casi todo en la vida, el camino es arduo. En Etnia, estaremos encantados de acogerte en prácticas y formarte humildemente en lo que sabemos hacer. No cobrarás, pero tampoco pagarás un duro.

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¿La IA nos va a quitar el trabajo a las agencias de marketing?